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La Sociedad


La sociedad es como un hombre que cae por un edificio de 50 pisos. Se derrumba a cada momento y para tranquilizarse se dice a sí mismo: "por ahora todo va bien, por ahora todo va bien". Pero lo importante no es la caída, sino el aterrizaje.

Extraído de "La Haine" ["El Odio" en español]

Destination Calabria



Esta canción de Alex Gaudino es uno de los pocos videos que veremos que combinen en perfección con los ritmos pegajosos y esa música que a todos agrada.
No es Pop del barato, que vemos en MTV todos los días y que nos es muy común entre los jóvenes. Esto es arte puro con una vista exquisita. Todo concuerda.

Top models

Mira nada mas que chulada de mujer

Que belleza ojala estuviese la imagen completa

Quien dice que solo las rubias son sexys

Dios sabe bien lo que hizo cuando creo a la mujer

Yo quiero un traje cito así. (y no para probármelo)

Por amor a Dios baja un poco mas tu mano derecha.

Esta imagen es mi favorita... con eso lo digo todo

No cabe duda que ese bikini le queda muy bien

Esta es mi diosa


Bueno a partir de hoy empezaran a notar un pequeño cambio en cuanto a el fabuloso blog de "Día civil" ya que tendré el grato honor de poder cooperar con entradas a mi amigo Infinitikos y aunque yo no soy tan culto como él, espero poder hacer entradas que os plazcan y entretengan .

De momento les dejo unas cuantas imágenes de hermosas modelos para que dejen volar la imaginación un rato.

Dama En El Agua: 1947


Una mujer flotando en el agua del lago Weeki Wachee Spring, Florida. La imagen tomada por el fotógrafo de moda, Toni Frissell, fue publicada en el Bazar de Harper el diciembre de 1947.

Totalmente una foto conceptual, bellamente adornada con un reflejo inverso y el misterio de la fémina, aparte de ser una gran resolución para la época, capturando de forma acertiva al objetivo, mas no al entorno.

Pinturas Captcha


Las captchas son imágenes distorsionadas a tal manera que los caracteres que contienen sean irreconocibles para los bots y evitar el spam, etc. Algunos son apenas legibles para los humanos, pero son una medida de seguridad muy fuerte que contienen casi todos los sitios de internet.

Ahora parece que no sólo serán utilizados como seguridad, sino que en un futuro próximo también se hará arte con las captchas, como se observa en esta imagen no muy detallada, pero parte del proyecto de Sternlab.

¿Qué es mejor, ser temido o ser amado?

Paso a las otras cualidades ya citadas y declaro que todos los príncipes deben desear ser tenidos por clementes y no por crueles. Y, sin embargo, deben cuidarse de emplear mal esta clemencia. César Borgia era considerado cruel, pese a lo cual fue su crueldad la que impuso el orden en la Romaña, la que logró su unión y la que la volvió a la paz y a la fe. Si se examina bien, se verá que Borgia fue mucho más clemente que el pueblo florentino que, para evitar ser tachado de cruel, dejó destruir a Pistoya. Por lo tanto, un príncipe no debe preocuparse porque lo acusen de cruel, siempre y cuando su crueldad tenga por objeto el mantener unidos y fieles a los súbditos; porque con pocos castigos ejemplares será más clemente que aquellos que, por excesiva clemencia, dejan multiplicar los desórdenes, causa de matanzas y saqueos que perjudican a toda una población, mientras que las medidas extremas adoptadas por el príncipe sólo van en contra de uno. Y es sobre todo un príncipe nuevo el que no debe evitar los actos de crueldad, pues toda nueva dominación trae consigo infinidad de peligros.
Así se explica que Virgilio ponga en boca de Dido:


Res dura et regni novitas me
[talía cogunt Moliri, et late fines custode tueri. *
(*) El duro estado y la novedad del reino, a estos modos me fuerzan y, recelando de todos, cuidan las costas.

Sin embargo, debe ser cauto en el creer y el obrar, no tener miedo de sí mismo y proceder con moderación, prudencia y humanidad, de modo que una excesiva confianza no lo vuelva imprudente, y una desconfianza exagerada, intolerable.

Surge de esto una cuestión: si vale más ser amado que temido, o temido que amado. Nada mejor que ser ambas cosas a la vez; pero puesto que es difícil reunirlas y que siempre ha de faltar una, declaro que es más seguro ser temido que amado. Porque de la generalidad de los hombres se puede decir esto: que son ingratos, volubles, simuladores, cobardes ante el peligro y ávidos de lucro. Mientras les haces bien, son completamente tuyos: te ofrecen su sangre, sus bienes, su vida y sus hijos, pues —como antes expliqué— ninguna necesidad tienes de ello; pero cuando la necesidad se presenta, se rebelan. Y el príncipe que ha descansado por entero en su palabra va a la ruina, por no haber tomado otras providencias; porque las amistades que se adquieren con el dinero y no con la altura y nobleza de alma son amistades merecidas, pero de las cuales no se dispone, y llegada la oportunidad no se las puede utilizar. Y los hombres tienen menos cuidado en ofender a uno que se haga amar que a uno que se haga temer; porque el amor es un vínculo de gratitud que los hombres, perversos por naturaleza, rompen cada vez que pueden beneficiarse; pero el temor es miedo al castigo y no se lo pierde nunca. No obstante lo cual, el príncipe debe hacerse temer de modo que, si no se granjea el amor, evite el odio, pues no es imposible ser a la vez temido y no odiado; y para ello bastará que se abstenga de apoderarse de los bienes y de las mujeres de sus ciudadanos y súbditos, y que no proceda contra la vida de alguien sino cuando hay justificación conveniente y motivo manifiesto; pero sobre todo abstenerse de los bienes ajenos, porque los hombres olvidan antes la muerte del padre que la pérdida del patrimonio. Luego, nunca faltan excusas para despojar a los demás de sus bienes, y el que empieza a vivir de la rapiña siempre encuentra pretextos para apoderarse de lo ajeno, y por el contrario, para quitar la vida, son más raros y desaparecen con más rapidez.

Pero cuando el príncipe está al frente de sus ejércitos y tiene que gobernar a miles de soldados, es absolutamente necesario que no se preocupe si merece fama de cruel, porque sin esta fama jamás podrá tenerse ejército alguno unido y dispuesto a la lucha. Entre las infinitas cosas admirables de Aníbal se cita la de que, aunque contaba con un ejército grandísimo, formado por hombres de todas las razas a los que llevó a combatir en tierras extranjeras, jamás surgió discordia alguna entre ellos ni contra el príncipe, así en la mala como en la buena fortuna. Y esto no podía deberse sino a su crueldad inhumana que, unida a sus muchas otras virtudes, lo hacía venerable y terrible en el concepto de los soldados; que, sin aquella, todas las demás no le habrían bastado para ganarse este respeto. Los historiadores poco reflexivos admiran, por una parte, semejante orden, y por la otra, censuran su razón principal. Que si es verdad o no que las demás virtudes no le habrían bastado puede verse en Escipión —hombre de condiciones poco comunes, no sólo dentro de su época, sino dentro de toda la historia de la humanidad— cuyos ejércitos se rebelaron en España. Lo cual se produjo por culpa de su excesiva clemencia, que había dado a sus soldados más licencia de la que a la disciplina militar convenía. Falta que Fabio Máximo le reprochó en el Senado, llamándolo corruptor de la milicia romana. Los locrios, habiendo sido ultrajados por un enviado de Escipión, no fueron desagraviados por este ni la insolencia del primero fue castigada, naciendo todo de aquel su blando carácter. Y a tal extremo, que alguien que lo quiso justificar ante el Senado dijo que pertenecía a la clase de hombres que saben mejor no equivocarse que enmendar las equivocaciones ajenas. Este carácter, con el tiempo habría acabado por empañar su fama y su honor, de haber llegado Escipión al mando absoluto; pero como estaba bajo las órdenes del Senado, no sólo quedó escondida esta mala cualidad suya, sino que se convirtió en su gloria.

Volviendo a la cuestión de ser amado o temido, concluyo que, como el amar depende de la voluntad de los hombres y el temer, de la voluntad del príncipe, un príncipe prudente debe apoyarse en lo suyo y no en lo ajeno, pero como he dicho, tratando siempre de evitar el odio.


Maquiavelo

Extraído de El Príncipe